Volví a casa…
pero no volví a ser la misma.
Los primeros meses no fueron libertad.
Fueron vacío.
No comía bien.
No dormía bien.
No pensaba con claridad.
Solo existía.
Hasta que, una tarde cualquiera, viendo una película —de esas que llegan sin intención— algo hizo clic.
No fue inspiración.
Fue impulso.
Si todo lo que había construido se había roto…
entonces podía construir algo distinto.
Ahí nació la idea.
No como un juego.
No como una broma.
Como una forma de entender.
De probar.
De no volver