El invierno llegó más frío de lo esperado. Doña Rosa comenzó a pasar las mañanas cerca del fuego y dejó de fingir que podía hacer todo sola. Algunas veces permitía que Mariana la ayudara a vestirse. Otras aceptaba que Leonor cocinara sin entrar cada cinco minutos a corregirla. Aun así, seguía teniendo suficiente energía para protestar cuando algo no estaba a su gusto. Una mañana, Leonor preparó el pan siguiendo una de las recetas que habían escrito juntas.
Le falta sal.
Leonor probó un pedazo.