Los primeros meses del nuevo trabajo de Leonor fueron más intensos de lo que había imaginado. Viajaba entre comunidades, revisaba registros, conectaba personas con talleres, escuelas o miembros de Las Veinte Monedas y, cuando podía, realizaba pequeñas reparaciones. Al principio disfrutaba cada jornada. Sentía que por fin había encontrado una manera de utilizar todo lo aprendido sin elegir un solo oficio. El problema apareció cuando comenzó a aceptar más de lo que podía hacer. Si alguien enviaba