El trabajo de Leonor comenzó a hacerse conocido sin que ella lo hubiera planeado. En algunos pueblos la esperaban para revisar una puerta, leer una carta o averiguar quién podía reparar una herramienta. En otros simplemente se sentaba con las familias y anotaba lo que necesitaban. No prometía soluciones rápidas. Había aprendido que decir no sé podía ser más útil que fingir una respuesta. Una mañana llegó hasta la casa una carta procedente de Valle Seco. Isabel pedía ayuda con algo diferente. Un