Isabel permaneció junto a la puerta con el cuaderno apretado contra el pecho.
No parecía cansada únicamente por el viaje.
Había algo más en su expresión.
Una mezcla de miedo, determinación y vergüenza, como si hubiera pasado todo el camino preguntándose si tenía derecho a presentarse allí sin dinero, sin recomendaciones y sin ninguna garantía de que alguien la escuchara.
Carolina la observó durante unos segundos.
Después abrió un poco más la puerta.
Entra.
Isabel dudó.
No quiero molestar.
Ya ll