La primera gota cayó sobre el borde del porche.
Después llegó otra.
Y otra.
En pocos minutos, el sonido de la lluvia cubrió las voces dentro de la casa.
Marcos permaneció junto a la puerta, mirando cómo el camino se transformaba poco a poco en una franja oscura de barro. Todavía sostenía en la mano la carta de Samuel. La había leído tantas veces que ya conocía cada palabra.
Tres monedas.
Una oportunidad.
Una promesa de enseñar a alguien más.
Hacía apenas unas horas, todo aquello le había pareci