La primera gota cayó sobre el borde del porche.
Después llegó otra.
Y otra.
En menos de unos minutos, la lluvia comenzó a golpear el techo con tanta fuerza que las conversaciones quedaron cubiertas por su sonido.
Benjamín permanecía junto a la puerta, todavía mojado por el viaje. Su caballo respiraba con dificultad bajo el cobertizo y el agua comenzaba a formar pequeños ríos de barro alrededor de la casa.
Ernesto ya había sacado varias herramientas del taller.
Julián observó el cielo oscuro.
No