El sonido del segundero de mi reloj mental no había dejado de martillarme el cerebro desde la noche en el club.
Catorce días.
Me miré en el espejo de cuerpo entero de la exclusiva boutique del centro de la ciudad. Afuera, en la sala de espera alfombrada, Aleksei tomaba un expreso sentado en un sofá de terciopelo, rodeado por cuatro de sus hombres. Había cerrado la tienda entera solo para que yo me probara un par de vestidos para el aniversario de la Bratva. Era una jaula de oro con vitrinas de