Convencer al monstruo de que te deje salir de la jaula requiere hablar su mismo idioma: el de la crueldad.
Aleksei estaba terminando de ajustarse los gemelos de plata frente al inmenso ventanal de la suite cuando me acerqué a él. Aún llevaba puesto el camisón de seda negro. La marca del tatuaje en mi cadera palpitaba bajo el parche transparente, un recordatorio físico de lo que estaba dispuesta a soportar.
Deslicé mis manos por su espalda ancha, sobre la tela inmaculada de su camisa, y apoyé la