Capitulo 118

La noche había caído sobre la ciudad, cubriendo los rascacielos del corazón financiero con un manto de luces parpadeantes y sombras alargadas. En el balcón del Penthouse de la familia Fernández, el viento soplaba con una tibieza inusual. Isabela se apoyaba contra la barandilla, la vista perdida en el horizonte. Sebastián apareció a su lado en silencio, como si su presencia hubiera sido convocada por el suspiro contenido en el pecho de ella.

—¿No puedes dormir? —preguntó él, con voz baja.

Isab
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