Señor Cavalli (#2 Serie Gentleman)

Señor Cavalli (#2 Serie Gentleman) ES

Magali Weaver  En proceso
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Índice

Serie Gentleman #2 Dos almas gemelas destinadas a encontrarse en lugar y tiempo equivocado serán consumidas por el deseo y el peligro. Una vez que el miembro más temido de la mafia italiana; Apolo Cavalli vuelve a Daimōn City para hacer efectivo cargo de los negocios de su tío, lo impensado ocurre, alguien se atreve a atacar a Dómenico Cavalli. Apolo es imparable y no se detendrá hasta vengar el ataque contra su tío, sin embargo algo cambia las reglas del juego, cuando la mano derecha de su tío le encarga el cuidado de la inocente Brianna, con el cabello azabache y los ojos de un profundo azul. Puede ser lo más peligroso y hermoso a lo que él se ha enfrentado. Las chispas vuelan intensamente entre los dos y Apolo se siente tentado a corromper su inocencia y mezclar por primera vez los negocios con el placer mientras está en la ciudad. Pero se corre la voz de que la joven es su debilidad y el antiguo enemigo de su tío decide que Brianna es la clave para terminar esa guerra definitivamente.

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Prefacio
Apolo Cinco años antes…Noté un nudo en la garganta.Todo era absolutamente perfecto, nada estaba fuera de lugar.No había ni una nube en el cielo, y los diez arcos estaban cubiertos por completo por rosas blancas, presentando una imagen elegantísima sobre el césped. Los largos vestidos de las damas de honor, las bandejas con champán, las brillantes lámparas de araña más allá… En el momento en que el señor Abruzzo y Geraldine salieron por el pasillo, sentí que me temblaban las manos. La señorita Ferrara buscó un pañuelo de papel en el bolsillo y se secó los ojos con él.—Usted no puede llorar, Señor Cavalli … Respire hondo varias veces y todo irá bien… —dijo la coordinadora de bodas acercándose un poco. Esperó a que siguiera sus instrucciones—. Casi es la hora… —Por favor, recibamos a la novia… —dijo una voz profunda, y se oyó el crujido de las sillas.Cuando comenzaron a sonar las
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Cascittuni
ApoloMe ajuste el reloj antes de entrar en el despacho del director de seguridad de uno de los cuantiosos negocios que Cavalli me había heredado. Ya hacían seis meses del crimen de mi tío y aún no tenía nada, solo un montón de sospechas y el deseo de venganza removiéndose inquieto en mi interior.  Luego de aquel terrible suceso, Bonfiglio había acudido a mí nervioso, lo que era por demás extraño, ya que era un hombre imperturbable. Insistió en que Bellomo era quien había dado la orden y que iba por él también. Creía que nuestro rival estaba seguro de que él lo delató con crímenes mayores. Intenté tranquilizarlo, pero fue en vano. Entonces me miró a los ojos y me pidió que cuidara de su hija, yo no pude menos que sorprenderme, ni siquiera sabía que tuviese una vida fuera de la organización. Me dijo que no sabía de su existencia hasta hacía unos meses, que no tenía nada en el mundo y que si algo le ocurría necesitaba que la tomara como mi esposa. Le d
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Pacifyc Lounge
Brianna  Esa debía ser mi última semana en casa. ¡Casa! ¡Qué locura!Ese nunca había sido mi hogar. Había accedido a mudarme allí, solo porque mi mamá se había enamorado como una loca de Dante y él fue bueno hasta que ella enfermo un año y medio atrás. Luego todo fue de mal en peor, sin embargo las cosas empeoraron después de su muerte. Y ahora mis días allí estaban contados. Solo necesitaba reunir lo suficiente para poder rentar algo decente en cualquier sitio lejos de allí. No podría soportar mucho tiempo más, no después de que el bastardo el esposo de mi madre me  hubiera esperado y abordado al pie de las escaleras, cuando intentaba marcharme para trabajar tres días antes. Lo había evadido muchas veces, incluso intenté fingir que no estaba ocurriendo, que esas miradas lascivas eran solo producto de mi imaginación. ¿Él tenía una nueva novia, no? Ella se pavoneaba por la casa algunos días dándome órdenes como si fuese mi jefa. Aun
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El Nuevo Capo
Brianna Pacifyc Lounge era un cuchitril con aires de grandeza, pero estaba mucho mejor que otros Clubes de Daimōn y estaba en una zona neutral, antes de esa noche, nunca había visto a uno de los capos pisando ese lugar, quizás a ninguno le interesaba lo suficiente. Pero mamá lo eligió justamente por eso, decía que mientras más alejadas de la familias que controlaban Daimōn mejor y los capos siempre elegían manejar los elegantes clubes el centro de la ciudad en el Distrito financiero. A pesar de que era seguro, podía decir que era un asco y la seguridad no lo dejaba exento de esa obviedad, era como decir: «que revolver la basura de los botes de un hotel de cinco estrellas era más digno que buscar en los botes de un restaurante del Distrito de Nissca». Aún así, el dinero era dinero. Pero ese día en particular no me parecía tan asqueroso, puede que la aparición de ese nuevo Cavalli me hubiese hecho girar la cabeza o puede que me pareciese más
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Goomah
Brianna Cerré la puerta tras de mí y vi a Cavalli sentado en un sillón en medio de la estancia con más claridad.  La tenue luz que me iluminaba no me dejó ver su cara, sin embargo podía imaginarla a la perfección. Me acerqué hasta él lentamente, caminando de manera sinuosa. Levantó la vista y me miró. —Hola –dije con mi mejor voz de buscona—, ¿alguien ha pedido un baile especial? —Yo fui –respondió con voz cortante.Bueno, parecía mas bien un caso de anti-stripper que había sido arrastrado hasta allí a la fuerza por alguien más. Sonreí. Aunque en este caso, él lo había pedido ¿por qué? —Pero querrás que baile para ti, ¿verdad?Me acerqué más a él
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L' Eroe
ApoloMe senté en una de las mesas del club, a la espera de que Brianna volviese a salir, me había comportado como un animal hambriento acechando a su presa. Fue un terrible error, no sabía que me había ocurrido, sin embargo simplemente no logré controlarme y las consecuencias habían sido claras, estaba aterrada. Me temía. Adrian tenía razón, abordarla de ese modo fue un error. Más que nada en el mundo, habría deseado acercarme a ella y asegurarle que iba a ser bueno. Que sólo quería hablar con ella. Sin embargo, mi mayor error fue no poder simular lo que provocaba en mí su cercanía. Nunca antes había sentido el deseo acumulándose en mi interior como un volcán a punto de hacer erupción. Mis manos cobraron vida propia y mi cuerpo se sentía atraído con un magnetismo sin igual. Me dispuse a inspirar intensamente para aliviar mis pulmones privados de oxígeno, al recordar como se había colocado sobre mí regazo, intenté quitar aquella imagen de mi
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Giovane D'Honore
Brianna Cuando desperté, recordé el callejón oscuro, los hombres armados, la aguja clavándose en mi piel. Abrí los ojos  sobresaltada con el corazón acelerado, como el de un animalito aterrado, que escapaba por su vida. Pero no estaba en el asiento trasero de un coche como recordaba haber estado cuando perdí definitivamente la conciencia. Me incorporé y me senté mirando a mi alrededor: mi cabeza se balanceaba hacia adelante y hacia atrás,  mi cabello enredado caía sobre mi  rostro y estaba pegado a mi mejilla. Estaba en una habitación de hotel; una realmente ostentosa, a juzgar por lo que podía observar con ayuda de la luz de una sola lámpara que se encontraba encendida al otro lado de la habitación. ¿Seguía soñando? Algo mareada me froté los ojos, pero poco a poco comencé a recordar la noche anterior. Dante, Paul, el club, el baile privado al Señor Cavalli, el callejón oscuro, los hombres que me rodearon, la intervención oportuna
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Commiato
Brianna El señor Cavalli era de esos hombres que hacían su voluntad y ni siquiera se detenían a preguntar. No necesitaba hacerlo y no imaginaba a nadie que pudiese contradecirlo. No era simplemente atractivo, cada movimiento que realizaba parecía calculado para generar ráfagas de chispas y adrenalina en el sexo opuesto.  No me atrevía a decirle que todo lo que tenía en el mundo era el contenido de esa mochila. Era bastante deprimente, aunque fuese la verdad. —La realidad es que lo poco que tengo, se encuentra en la casa del ex esposo de mi mamá… Aunque dudo que pueda regresar, —¿odiaba dar lastima? Definitivamente sí. —Haré que recojan tus cosas. Puedes quedarte aquí hasta que estés lista para tomar una decisión sobre tus próximos movimientos. Tal vez desees que le avisemos a alguien de tu fami
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Debito D'honore (Parte uno)
Brianna Probablemente podría haber permanecido allí sudando y vomitando la comida inexistente de mi estómago durante toda la noche de no ser por el perro de los vecinos que comenzó a ladrar al verme agazapada contra la pared como una sombra. Me sequé con la manga de la chaqueta y caminé hacia la puerta trasera de la casa, mis dedos tantearon debajo de la alfombrilla hasta que dieron con la llave y abrí silenciosamente la puerta trasera. El silencio invadía el interior de la casa que en ese momento me parecía aún más deprimente. Caminé por el vestíbulo asimilando mi entorno en la oscuridad y comencé a subir lentamente las escaleras. La puerta de la habitación de Dante estaba abierta, por lo que supe que no estaba durmiendo, la habitación que había compartido con mi mamá siempre, sin excepción estaba cerrada, aunque nunca nadie la ocupara, era un especie de lugar sagrado. Escuché un ruido y estuve a punto de morir de susto cuando el viejo gato
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Debito D' honore (Parte dos)
Brianna Abrí la ventana y vi como un grupo de hombres se precipitaban hacia la entrada. Salí, sujetándome lo mejor que podía del alféizar de la ventana. Me resbalé y mis pies patinaron sobre el techo, pero logré tomarme del filo del tejado. Me lancé al vacío tomándome de la canaleta y estiré mi cuerpo todo cuanto pude para quedar un poco más cerca del suelo, si eso era posible, no tenía demasiado tiempo, así que me lancé al suelo, cayendo pesadamente en sobre el césped perfectamente cortado. Me escondí tras un rosal mientras escuchaba correr por la calle a algunos hombres. Intenté tranquilizarme mientras esperaba que volviesen a la casa seguros de que me habían perdido. Pronto los vi regresar y re agruparse en la puerta principal. Por suerte para mí, no eran exactamente brillantes o me estaban subestimando. Corrí a través de los jardines traseros de un par de casas, intentando perderme entre las sombras, hasta llegar a un callejón que llevaba a la estación del m
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