El orfanato: Los hijos de Sariel

El orfanato: Los hijos de SarielES

Laura Pérez Caballero  Completo
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Resumen
Índice

Tristán sufre alucinaciones desde antes de cumplir los cuatro años. Los fantasmas viven a su alrededor y le susurran que debe matar a alguien. A los nueve años, tras amenazar a uno de sus compañeros de clase, sus padres adoptivos deciden internarlo en una clínica psiquiátrica con la esperanza de que el niño se recupere, pero este cada vez tiene más visiones, hasta que en una de ellas le es revelado el nombre de un orfanato y decide investigar qué relación tiene ese lugar con las apariciones que lleva sufriendo desde que tiene recuerdo.

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27 chapters
INTRODUCCIÓN
Era una mañana fría de diciembre, muy cerca de las vacaciones escolares de Navidad, y Malena reaccionó con un respingo ante el tono festivo que había puesto en su móvil, como si hubiera llevado toda su vida esperando aquella llamada.Su dedo índice se deslizó sobre la pantalla y sus labios pintados de rojo se apretaron uno contra otro justo antes de contestar. Había reconocido el largo número, pero aún se negaba a creerlo.—¿Si?—¿Es usted Malena Gálvez?—Sí, soy yo.La voz histérica al otro lado de la línea confirmaba sus peores temores.—Por favor, necesitamos que venga al colegio lo antes posible, tenemos un grave problema con su hijo. No sería mala idea si pudiera avisar también a su mar…—Salgo ya.No esperó a escuchar la respuesta. Se había arregla
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Capítulo 1
El sanatorio estaba en el centro de la ciudad, y a los padres de Tristán les costó un buen rato encontrar aparcamiento, así que llegaron con unos minutos de retraso a la cita con el psiquiatra que trataba a su hijo.Malena se veía especialmente nerviosa. Iba a hacer tres años del ingreso del niño y los avances habían sido mínimos. Incluso el personal sanitario se mostraba desconcertado ante la actitud del niño, cada vez más retraída y llena de alucinaciones.Mientras una de las recepcionistas les acompañaba a lo largo del pasillo que llevaba al despacho del doctor Urrutia, Román tomó a Malena de la mano y ella recibió el apoyo con alivio. Después del incidente de Tristán en el colegio, también ella se había tenido que poner a tratamiento psicológico y habían quedado al descubierto sus sentimientos de culpa, la sensació
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Capítulo 2
—No.La voz de Román llegó hasta Malena como algo molesto sin saber porqué. A ella también le horrorizaba aquella palabra, pero la negación rotunda de su marido la impulsaba a buscar un resquicio de esperanza en ella para rebatir aquel “no” que apartaba toda posibilidad de recuperación.El doctor Urrutia esperaba aquella reacción. Malena veía que no se había reflejado ni un ápice de sorpresa en su rostro y tampoco asomaba en su voz cuando habló.—Bien, sé que el electroshock no tiene buena fama. Está claro que la televisión y el cine no han ayudado demasiado. Estoy seguro de que han visto Alguien voló sobre el nido del cuco y seguramente tienen la imagen de Jack Nicholson en su cabeza en estos mismos momentos.Hizo una pausa. Ninguno de ellos contestó.—No es así —afirmó el doctor.
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Capítulo 3
Como cuatro años después de la negación de los padres de Tristán a que se le tratara mediante el electroshock, Josué apareció en la vida del chico.Era un muchacho de dieciséis años también, esquelético, de ojos saltones y mejillas chupadas, con un gesto serio y reconcentrado. El uniforme del sanatorio le quedaba enorme, como si llevara años en la institución y su cuerpo hubiese ido menguando dentro de la ropa. Pero Tristán no le había visto antes en los siete años que llevaba internado.Llegó un día a la hora de la comida y se sentó en una mesa vacía como a unos seis o siete metros de distancia por detrás de Tristán. La hora de las comidas era el momento más ajetreado del día. Las enfermeras y las operarias se manejaban con rapidez y destreza entre los internos, repartiendo comida y limpiando y ayudando a los
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Capítulo 4
Cuando Tristán aún estaba en el orfanato, una noche se había levantado acuciado por una sed insoportable. Había recorrido descalzo el pasillo de baldosas frías,  con dibujos geométricos, hasta llegar a la puerta acristalada del cuarto de baño. Giró el grifo del agua, pero no salía ni una gota.El orfanato era un edificio de tres plantas y Tristán dormía en la más alta, así que bajó al baño de la segunda planta y volvió a comprobar que no salía agua.Una planta más abajo probó suerte en la cocina. El grifo emitió un ruido gutural, casi como si alguien tratara de arrancarse una flema de la garganta, y, cuando al cerrar el grifo lo siguió escuchando, se giró seguro de lo que iba a encontrarse.El chico estaba frente a él. Tenía unos ojos grandes y hundidos y estaba muy delgado. Su piel aparec&ia
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Capítulo 5
Pero, pasaron dos años más y Tristán no volvió a escuchar la voz de Josué en su cabeza.A punto de cumplir los dieciocho, los fantasmas se habían vuelto una constante, pero no por ello dejaban de aterrorizarle.Dos días antes de sufrir el incidente, el doctor Urrutia le había hecho ir a visitarlo a su despacho. El doctor se mostraba preocupado por los escasos avances. Cada visita de los padres de Tristán eran una tortura para él. Malena había envejecido de forma prematura. Podía imaginar el dolor de aquella mujer: castigada por sus deseos irrealizables de tener un hijo, había adoptado a aquel niño y tras depositar en él su amor había tenido que renunciar a sus sueños de nuevo, pero una renuncia a medias, una renuncia que no terminaba de ser un descanso para ninguno. En cada visita, le hablaba de algún tipo de terapia nueva sobre la que hab&iacut
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Capítulo 6
Despertó con aquella sensación de humedad que le empapaba el cuerpo y le cubría de sudor y miedo. Miró a los pies y vio al chico pelirrojo, transpirando aquel vapor enfermizo, parecido al humo, pero con una chispa de pánico en su expresión, en vez de aquel gesto un poco ido. No miraba a Tristán, miraba hacia la puerta de la habitación.Antes de percatarse del ruido del pomo, Tristán vio a cuatro…cinco, no, allí al fondo veía a uno o dos fantasmas más, esparcidos por su habitación.Todos dirigían sus ojos hacia la puerta, todos tenían aquella expresión de pánico.“Mátalo” le dijo el pelirrojo sin mirarle. Sin embargo, no usó el tono autoritario con el que solían hablarle siempre, sino uno suave, asustado, casi como un susurro que dejase escapar entre sus labios resecos y llagados.Trist&
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Capítulo 7
Malena apretaba los nudillos contra su boca. Tristán había pasado dos noches en observación en el Hospital General tras el incendio, y luego le habían devuelto a la clínica. El doctor Urrutia había sido muy contundente en sus declaraciones.—Creo que finge. Una parte de él tiene un miedo atroz a salir al mundo exterior, se ha criado en instituciones prácticamente toda su vida y saber que iba a volver a su casa le aterraba.Román levantó el rostro que había mantenido fijo hacia el suelo y se encaró con el doctor.—¿Cree que finge? Un chico de  dieciocho años lleva fingiendo desde como mínimo los nueve con una dosis de medicación encima superior incluso a la que le correspondería, según usted mismo nos dijo.El doctor mantuvo la mirada del padre. Tenía razón. El caso de Tristán se le escapaba de
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Capítulo 8
Tristán saltó en la camilla, pero no recordaba nada de esto. Cuando recuperó la conciencia estaba en su nueva habitación. Tardó unos segundos en reconocer el lugar y después trató de recordar lo que había sucedido.Sabía que el fantasma del chico pelirrojo había estado en su conciencia mientras le aplicaban el electro shock. ¿Qué más? Vértigo, miedo, angustia. Una caída. Sí, recordaba el pánico que sentía al caer y presentir el golpe. Estaba en un ascensor, subía plantas y plantas…“Tristán, amigo ¿cómo estás?”Tristán enfocó la vista en el techo de la habitación, como si fuese Dios quién le había hablado, aunque él sabía muy bien de quién era aquella voz.“Josué, pensé que te había perdido”
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SEGUNDA PARTE, Capítulo 1
Primero tomó un autobús, después lo que llamaban un coche de línea, y se apeó en Cuñera. Desde que se sentó en el asiento del primero, los fantasmas desaparecieron como por arte de magia.Cuando se apeó del coche de línea en Cuñera, eran cerca de las ocho de la tarde y tiraba un aire frío. Tristán dejó su mochila en el suelo y se puso su cazadora mientras un corrillo de ancianas arropadas en chales de lana le observaban sin ningún tipo de disimulo.Tristán volvió a colgar su mochila de los hombros y se dirigió hacia el grupo de señoras.—Buenas tardes —murmuró.Las señoras contestaron de la misma forma, algunas solo movieron la cabeza en señal de saludo, pero ninguna de ellas le quitó un ojo de encima.—Estoy buscando el antiguo orfanato —continuó Tristán.
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