RED LIGHT

RED LIGHTES

Karen Terminel  En proceso
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Resumen
Índice

Jack siempre creyó que el amor era una fantasía, un concepto que habían creado con el fin de debilitar al ser humano. Un deseo prohibido que estaba vetado en su vida. El amor, cariño y la tentación siempre habían sido temas que habían evitado. Experiencias y sentimientos que se había obligado a no sentir por toda su vida hasta que la mujer prohibida se cruzó en su camino, robándole el aliento y la paciencia con cada mínimo movimiento que hacía a su alrededor.

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34 chapters
PROLOGO
La pequeña flama de la vela bailaba al ritmo del frío aire que entraba por la abertura de la puerta de la casa de acampar. La pequeña casa de acampar se movía con cada golpe frío que proporcionaba la tormenta. Cuatro hombres corrieron cuesta abajo arrastrando a uno de sus compañeros, estaba herido y ninguno sabía si podrían salvarlo. El doctor esperaba por él en la casa de acampar pero primero tenían que conseguir llegar con vida. Su herida era grave y no le ofrecía muchas posibilidades de vivir. La bomba había explotado justo cuando él había intentado huir de la zona negra, así le solían llamar a las zonas de alto riesgo, a esas zonas a las cuales él tenía prohibido ir pero amaba ir.El doctor suspiró aliviado al observar llegar a los hombres que tanto anhelaba ver. Exigió que llevaran al hombre a la camilla vieja que había en el
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1
UN AÑO DESPUESHabía dos niños gritando contra la ventana cuando ella decidió acercarse a ellos. Con una gran sonrisa les pidió amablemente que se alejaran de aquella gran ventana de cristal pero los pequeños parecían no querer responder a la petición que su linda profesora les estaba solicitando y en cambio decidieron gritar con más fuerza. Ella suspiró una última vez, así como solía hacerlo cuando estaba a punto de perder la cabeza. Nunca había explotado contra los niños pero tal vez por primera vez lo haría. —Sus mamis vendrán en un momento— dijo mientras intentaba sonreír de la forma más amablemente posible. Hace dos años cuando le ofrecieron ser cuidadora  en aquel pequeño gimnasio de la ciudad nunca imaginó que estaría cometiendo un grave error. Cuidar a niños había re
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2
La oscuridad del lugar era iluminada con una pequeña fogata que había creado el soldado con algunos artefactos que cargaba consigo para poder calentar sus cuerpos. La noche había caído fugazmente sobre ellos y no podían salir del lugar. Para ella, la esperanza de salir rápido de ese lugar se había esfumado desde hace tiempo. Las bombas seguían cayendo, se podía escuchar como destrozaban todo a su paso y solo era cuestión de tiempo para que los destruyera a ellos.—¿Cuál es tu nombre?— preguntó ella repentinamente, intentando conseguir una forma de romper aquel incómodo silencio que había en la tumba de concreto donde se encontraban encerrados. El alto hombre se quedó en completo silencio demostrándole a Cleo que había fallado en su misión.— ¿Te duele la espalda?— preguntó, recordando el golpe que habí
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3
Había un hombre frente a ellos con una gran sonrisa de oreja a oreja. Su cuerpo envuelto de explosivos mientras mantenía sus brazos alrededor de la mujer que gritaba y suplicaba por su vida. Cinco soldados mantenían la mirada clavada en él, esperando las indicaciones de su capitán. Red light mantenía los brazos cruzados a escasos centímetros del hombre, sus gruesos hombros tensos subiendo y bajando al ritmo de su respiración intranquila, al espera del mínimo ataque. Le ganaba por unas cuantas cabezas de altura al hombre pero eso no significaba que no le robaba la calma.  Aquel hombre incluso con unas cuantas armas sobre él, seguía manteniendo esa gran sonrisa en su rostro. Un ruidoso suspiro salió de los labios del soldado. —Ahora— dijo finalmente el capitán, justo antes de saltar ante el hombre y arrebatarle la pequeña mujer temblorosa que tem
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4
No había suficiente comida para todos, incluso si algunas personas compartían raciones no era suficiente. Algunos soldados se habían comunicado por radio para solicitar más raciones pero habían fallado. No había alimento y la creciente hambre entre los civiles comenzaba a desesperar a los armados.Cleo permanecía en completo silencio frente a la fogata mientras abrazaba sus heridas piernas. El calor del fuego le calentaba lo suficiente para no morir de frío en aquella terrible noche. Se odiaba a sí misma sin importar que tanto pensara en lo que había sucedido. Había permitido que Cookie se perdiera en aquel lugar.—¿Por qué no bajaste?— se preguntó sin dejar de ver la agresiva danza del fuego— es porque soy una maldita cobarde— susurró, nuevamente al borde del llanto.Los fuertes pasos del soldado se acercaron a ella para detenerse fre
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5
Recargado en la pared, herido, sintiendo la sangre bajar por su torso fue que recordó a su madre una vez más. Recordó su amplia sonrisa mientras le servía el famoso estofado de papas que le encantaba comer de niño. Extrañaba tanto a sus padres a pesar de haber pasado tanto tiempo.Aun podía sentir la esencia de la sonrisa de su madre sobre sus recuerdos, la calidez de los abrazos de su padre. Había pasado tanto tiempo que no podía recordar con claridad sus rostros ni sus voces.El día que los había perdido seguía estando tan claro en su cabeza y en su corazón. Seguía doliendo igual como dolía hace veinte años.Desde los seis años había conocido su destino, el destino que lo había llevado hasta el lugar donde se encontraba en esos momentos. Desde pequeño se había prometido que nunca perdería a un ser querido por
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6
La flama de la vela se apagó en el mismo instante que el frío aire entró a la carpa militar de color negro. El general gruñó en alto al quedarse en completa oscuridad dentro de aquella carpa, observando la poderosa tormenta que se había desatado fuera de la carpa y maldijo con rudeza antes de tomar la caja de cerillos.Con dificultad encendió una vez más la vela, observando la llama de fuego que bailaba al ritmo del aire. Tres soldados entraron por la abertura de la carpa, interrumpiendo la soledad del general mientras sus cuerpos goteaban gruesas gotas, estaban  completamente empapados por la tormenta nocturna que se había desatado repentinamente. —¡Saluden!—gritó uno de los tres hombres, llevándose la mano a la frente. Siendo imitado por los otros dos hombres que lo acompañaban.—Descansen—dijo el general, levantándose de su asien
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7
El aire del lugar tenía ese peculiar olor a muerte que tanto odiaba Jack. Lo habían intentado convencer de abandonar la misión pero tras varios minutos de negociación finalmente no lo habían logrado. Jack no lo había permitido y no porque no confiara en sus subordinados o mucho menos por que no confiara en Logan para tomar su lugar mientras él  no estaba, sino que incluso estando herido había tomado la responsabilidad de su cargo.  Confiaba plenamente en su equipo pero necesitaba estar con ellos para apoyarlos, para dirigirlos.Un suspiro salió de sus labios  cuando las puntas de sus dedos tomaron la tapadera de metal del conducto de ventilación de aquel edificio repleto de enemigos. Quería ese territorio, lo deseaba y estaba ahí para recuperar lo q
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8
El sonido que desprendía el agua de las regaderas de aquel edificio al caer el agua provocaba un sonido relajante que se escuchaba hasta el exterior de aquellas duchas. Fuera de ese lugar había unas cuantas soldadas, recargadas sobre la sucia pared de concreto. Estaban ahí con la única misión de evitar que cualquier hombre entrara a las regaderas mientras las civiles tomaban su primer baño después de horas. Todos habían pasado un día terrible, estaban cansados e incluso machacados. Sus cuerpos dolían y se sentían vacíos sin ninguna emoción que no fuera terror. Cleo estaba tan cansada que incluso sentía que terminaría por caer dormida bajo aquella regadera vieja, había tenido que servirles a todos como médico. Había curado cada mínima herida que había detectado y se había terminado por agotar hasta la última gota de ene
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9
El cuerpo de Jack no se preocupaba por ocultar la molestia que sentía en esos momentos dentro de él. Su mandíbula tensa, su mirada oscura y penetrante le hacían perfecta compañía a la postura de arrogancia que mantenía pegada a la pared mientras observaba a la joven mujer que tenía frente a él, limpiándose la sangre que le escurría del labio.—Tienes que escucharme— pidió ella, finalmente animándose a hablar en aquella incómoda situación.—por favor— dijo, levantándose de la cama del soldado que la veía sin ninguna expresión en el rostro— ellas me han robado.—Siéntate— dijo él, hablando ún
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