LOS DRAGONES DEL CAOS

LOS DRAGONES DEL CAOSES

Demian Faust  Completo
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Resumen
Índice

Johnny Draco por años fue un confiable conciglieri de una poderosa familia mafiosa, hasta que se convirtió en el amante de la esposa del capo. Cuando se descubre su idilio es acribillado a balazos y, por supuesto termina en el infierno. Ahí Johnny descubrirá que el lugar no es como lo pintan; en realidad las almas más perversas en vida se convierten en grandes señores que rigen sobre poderosos reinos siempre en guerra entre sí. Pero además descubrirá que no es humano. Hace eones el Caos Primordial se dividió en cuatro fieros dragones; Leviatán, Apofis, Tiamat y Tifón cuando se creó la luz. Regentes del inframundo, los dragones fueron expulsados a la Tierra tras la primera rebelión y quedaron condenados a vivir múltiples vidas donde se aman y odian en un ciclo interminable de pasión y venganza.

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I
 Johnny Draco había servido a la mafia italiana desde que tenía edad suficiente para atarse los zapatos solo. Habiendo crecido en un barrio pobre de Nueva York, desde niño asistía a la mafia en pequeñas labores a cambio de algunas monedas, como espiar para ellos o silbar si venían los polizontes. Su padre y su abuelo habían también servido a la mafia aunque en roles pequeños. Cuando tuvo la edad suficiente para ingresar formalmente lo hizo, sirviendo como guardaespaldas y rufián de poca monta. Sin mayores funciones que dar golpizas a deudores o abofetear prostitutas rebeldes. Aún así, su dedicación a la familia Mazzerati a la que servía y su excelente labor lo llevaron a subir meteóricamente la escalinata de la jerarquía, llegando a ser consigliere (capitán) a una edad inusualmente corta; 30 años. Sin duda, de no haber
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II
 A Johnny le tomó algo de tiempo asimilar aquella información. Aun incrédulo, pensando que quizás se había vuelto loco por las torturas de Jason y sus compinches. —Deben estar bromeando… La mujer lo abofeteó. —No dañes a este tan apetecible ejemplar, querida Annie —regañó Sejmet. —No mi señora —aseguró. Sejmet hizo un movimiento de sus manos y con ellas destrozó las cadenas de Johnny quien colapsó sobre el suelo. —Toma —le dijo Sejmet lanzándole algo de ropa que Johnny se colocó, aunque las prendas egipcias le mantenían al descubierto el torso. —Tienen que explicarme que está pasando acá —rogó Johnny poniéndose de pie. Sejmet lo miró de reojo. —Por favor —solicitó esta vez rever
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III
 Cuando Annie y Johnny reaparecieron lo hicieron en un oscuro y siniestro laboratorio, repleto de botellas burbujeantes y tubos de ensayo. —Bienvenida —dijo una voz siniestra conforme Johnny y Annie salían del letargo en que el hechizo les puso al reaparecer dentro de un círculo rojo en el lugar. —Veo que cumpliste tu parte —aseguró una siniestra figura. Era un anciano siniestro de barba blanca y dedos huesudos como los de un buitre. El demonio vestía como monje y tenía una capucha de la que emergían dos cuernos de cabra.    —Así es, Dantalion —contestó Palmer. —Ese era el trato… Dantalion llevó a ambos ante su amo el Señor Chernabog, quien gobernaba uno de los círculos del infierno desde un castillo de arquitectura rusa en medio de una ciudad de casas de madera. Chernabog era un ente monstruoso parecido a
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IV
 Un furioso Metalo se adentró sin anunciar a la tienda de Mumio, interrumpiendo la felación que recibía Mumio de una joven esclava adolescente. —¡Has ordenado que regrese a Macedonia! —expulsó Metalo tirando un pergamino con sus órdenes sobre el escritorio del cónsul. La joven se había detenido. —¿Yo te dije que te detuvieras? —le preguntó Mumio y la muchacha retomó la labor. Mumio se dirigió a Metalo. —No te necesito acá, ya hiciste tu labor. El Senado me nombró a mí el encargado de tomar Corinto. —Mis hombres vienen endurecidos de la Guerra Macedonia, no será fácil reemplazarlos. —No serán reemplazados —aseguró alcanzando el orgasmo. La esclava se limpió la boca y se levantó colocándose de pie detrás de Mumio quien ahora
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V
 Y así llegó Davy Jones hasta las nevadas tierras del dominio de Chernabog. Disparaba sus cañones contra el castillo del Señor y estos contraatacaban con sus propios cañones, flechas y catapultas. Pero El Holandés Volador estaba protegido por magia poderosa y era inmune a los ataques. —¡Desáteme! —pidió Johnny a Dantalion conforme el laboratorio se estremecía por los golpes a la estructura. Pero Dantalion se negó por temor a que escapara. Comenzó a releer los pesados volúmenes de libros mágicos que poseía con la esperanza de poder romper el hechizo protector en El Holandés Volador. —El escudo protector fue hecho por Baphomet —murmuró Dantalion—, solo una cosa puede atravesarlo —leyó pero no pudo concluir la frase. Un nuevo cañonazo provoc&oacut
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VI
 Mohammed II pronto pudo arrepentirse de su accionar. Pasaron tres años para cuando su imperio se desmoronaba. Estaba en su capital Urgench cuando se enteró que los mongoles habían tomado la ciudad de Otrar donde su gobernador había cometido el insulto de arrestar a la caravana mongola. Tras cinco meses de asedio finalmente los mongoles irrumpieron en la infortunada ciudad, mataron al gobernador que había realizado el insulto derramándole oro fundido por la boca, asesinaron a casi todos los hombres adultos y vendieron el resto de habitantes como esclavos. Poco después caería Bujará; la perla de su imperio. Rodeada por desierto, el ejército mongol logró lo que se creía imposible hasta entonces y atravesó las candentes arenas sin morir, ayudados por expertos guías beduinos reclutados a la fuerza que conocían los pozos y oasis. Aparecieron como fantasmas de la nada
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VI
Corría el año 1444 y los jóvenes hermanos Vlad de 13 años y Radu de 7 acompañaron a su padre el voivoda de Valaquia Vlad II el Dragón hasta la corte del sultán otomano Murad. A diferencia de otros predecesores, a menudo obesos y licenciosos, Murad era un genuino guerrero que se había dispuesto a comandar sus tropas en persona, y esto se notaba en su carácter fuerte y autoritario. Negoció con Vlad en su palacio en Edirne obteniendo el respaldo otomano para las aspiraciones del valaco, pero para asegurar la lealtad del noble habría un alto precio que pagar. —Os quedaréis aquí —les dijo Vlad a sus hijos—, obedeced en todo al Sultán y no intentéis escapar u os cegarán. Para ambos chicos la noticia de que ya no verían a sus madres ni a sus hermanos mayores fue angustiosa, pero más para el joven Radu que para
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VII
 Johnny se encontraba seminconsciente, debilitado por la pérdida de sangre. Una mano tersa y suave le acarició la mejilla. —Johnny… —dijo. Él abrió los ojos. —Estoy soñando otra vez. —No, amor mío —declaró Jackeline—, éste no es un sueño. —Pero… ¿Cómo? ¿Por qué estás en el infierno? Siempre fuiste una buena persona, nunca lastimaste ni a una mosca. —¿No lo has comprendido ya, cariño? —dijo ella y sus ojos se tornaron amarillos como los de un reptil— al igual que tú, nací acá. Mi existencia inició en este lugar. ¿No has comprendido que estamos destinados a estar juntos por siempre? Lilith enfurecida por la pérdida iba a castigar a sus servidores Jack y Fausto tan cruelmente que
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VIII
 Alfredo Mazzerati encontró la muerte exactamente diez años después de ordenar el asesinato de Johnny. Pereció sobre su cama presa de una debilidad que Jackeline conocía bien. Jackeline llegó una noche a la mansión donde otrora vivía. Vestida con una falda de cuadros y uniforme escolar, con el cabello peinado en dos coletas y chupando un caramelo. —¿Eres la que envió la agencia? —le preguntó uno de los custodios de la entrada y ella asintió. La verdadera estaba atada y amordazada, pero segura, en un lugar lejano. —Estás un poco mayor para el jefe. —Deberías dejar que él decida eso ¿no? El guarda se encogió de hombros y tras registrarla concienzudamente le permitió ingresar. Sin duda las cirugías plásticas que le habían hecho funcionaron espl&eacu
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IX
 Johnny y Jackeline despertaron horas después, juntos, desnudos y abrazados, al borde de un gran árbol de aspecto tétrico como todo lo que les rodeaba, pero que les había servido de refugio para su amorío. —Aun en el infierno —le dijo él sonriente—, tu compañía se siente como estar en el paraíso. Sus palabras se interrumpieron cuando una gigantesca sombra se abrió paso entre los árboles. Era un cíclope que rugió al verlos. Ambos se prepararon para correr pero el cíclope era demasiado grande y los aferró por la cintura con cada mano. —Bonita —dijo mirando a Jackeline con su cara boba y su boca de la que emergían dos largos colmillos de jabalí. Jackeline intentó soltarse haciendo fuerza con sus brazos sobre las manoplas del monstruo, pero fue inútil. El cíclope emprendi&oacu
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