RECUPERÁNDOLOS

RECUPERÁNDOLOSES

Mary Ere  Completo
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Resumen
Índice

Alicia lo perdió todo en el pasado, incluso las ganas de pelear por mantener a su lado eso que le pertenecía. Dispuesta a rehacer su vida, siete años después, regresa a un lugar donde cree nada hay para ella. Y, sin siquiera desearlo, la vida le da lo que no se atrevió a soñar, una segunda oportunidad para recuperar lo que la vida le arrancó. Pero, para alcanzarla, tendrá que pelear con todas sus fuerzas para recuperar esa vida que es completamente de ella.

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INTRODUCCIÓN
Cuando crees que lo has perdido todo, es tonto e inútil pelear. Pero a veces la vida es indulgente con nosotros y, sin esperarlo ni quererlo, nos da la oportunidad de recuperar lo irrecuperable. Solo debemos tener el valor de intentar, aunque ser valiente no es cosa fácil, en realidad. Esta es la triste historia de una chica de diecisiete años que no tenía las fuerzas de enfrentarse a los que le arrebataban todo, de una chica que se encontraba sola en el frente de una batalla y que lo perdió todo, incluso las ganas de vivir. Esta es mi historia, la historia de Alicia Grullol.Con el mundo en mi contra y nadie apoyándome, en ese entonces no pude hacer más que aceptar lo que me daban y salir huyendo. Pero ahora, siete años después, volví a reencontrarme con eso que ocho años atrás, por idiota, había perdido. Dándome cuenta que fui más estúpid
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1. A MÍ REGRESO
Llegué a esa ciudad que había dejado siete años atrás. Volví sin ninguna esperanza de recuperar todo lo que había perdido. Regresé con solo el deseo de poder ser feliz con lo que ahora tenía, con lo que en todo el tiempo lejos había logrado obtener.Entré a esa casa que no había pisado en más de siete años, esa casa que odiaba pero que no dejaría porque realmente la necesitaba. Esa casa era la prueba de que lo que siempre amé no me pertenecía más, ni me pertenecería de nuevo.Estaba de pie en la sala, solo observando tantos sueños y planes atrapados en esas paredes, tantos sueños y planes que sacudiría y, con el dolor de mi alma, enviaría a la basura.Tenía rato atrapada en mis memorias, cuando una voz que creía haber olvidado pronunció mi nombre. Me maldije internamente por haber pensado e
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2. ENCONTRANDO
Cuando al fin terminé de limpiar era bastante tarde. Me dejé caer en el piso de una sala que ya no era ni la sombra de la habitación a la que horas antes había arribado. Pensé que debía hacer algunas compras, al menos, pues mi alacena ya no tenía ni telarañas, y yo tenía rato con demasiada hambre.A punto de levantarme del piso, en la puerta de mi casa, vi una aparición que me congeló el alma. Una niña de escasos siete años, la viva imagen del hombre que hacía horas había echado del lugar.—¿Esta es tu casa? —preguntó la pequeña escudriñando con la mirada cada espacio del lugar. Asentí cuando sus hermosos ojos marrón se posaron sobre mí. No podía abrir la boca, no sin llorar, al menos—. Me llamo Iliana —dijo sonriendo—, a mis hermanas y a mí nos gusta venir aqu&
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3. MI CASA Y MI FAMILIA
Aunque levantarme temprano era algo que realmente no disfrutaba, lo hice. Muy a pesar de que el día que se levantaba era domingo, pues a mi casa le faltaban algunas cosas, sobre todo alimentos.Me bañé, cambié y salí a un súper en el centro de la ciudad. Hice algunas compras y regresé a casa. De camino a ella anoté algunos números telefónicos. A la casa le restaban algunos detallitos por los que contrataría a alguien.Llegué a casa y repartí las compras desde la cocina hasta las repisas del baño y volví a la cocina para hacer el desayuno. Se me estaba agotando el tiempo.Cerca de las diez de la mañana el camión de la mudanza se estacionó frente a mi casa. Detrás del camión venía una camioneta conducida por mi mejor amiga. Me acerqué a ella, la saludé con una sonrisa y, encaminándome al asiento tra
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4. NUESTRA HISTORIA
—¿Quieres ir al cine? —pregunté a mi hijo intentado escapar de casa. Dos días de limpieza eran demasiado, yo estaba que vomitaba casa. Diego brincó en el sillón diciendo que sí. Sonreí, él en serio que me hacía feliz.Esa tarde la pasamos recorriendo calles que gritaban tantos recuerdos, despertando en mí tantos sentimientos que no podía contener. Así que, en la noche, mientras veía a mi hijo dormir a mi lado, recordé todo lo que él y yo debimos pasar para estar en este punto justo donde estábamos.Mi madre había sido violada y quedó embarazada de un chico idiota y rico que nunca se dignó a pedir una disculpa siquiera, menos a hacerse cargo de nosotras. Mi madre sería madre soltera, pero murió en el parto, así que fui criada por mis abuelos.Ellos trabajaban en la casa de l
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5. MENTIRAS QUE LASTIMAN
Fabián se dirigía a urgencias, pero, cuando me vio en recepción, cambió de dirección.—Ali, tenemos que hablar —dijo una vez frente a mí.—Yo no tengo nada que hablar contigo —aseguré—, además, tienes paciente en urgencias —recordé. Fabián miró a la sala de emergencias y chistó los dientes.—Al menos ya sé dónde encontrarte —dijo y se fue. Yo sobé mi cuello y respondí negativamente a la pregunta de la enfermera. Al parecer muchas damas de ese hospital estaban tras el guapísimo doctor Mirro al que aseguré no conocer.Cerca de las dos de la tarde cerré el consultorio dejando todo debidamente revisado. Yo había acomodado mis horarios para cubrir un turno de lunes a viernes por la mañana, y emergencias, claro. Así casi no habría
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6. VERDADES QUE MATAN
—Él no es mi hijo —farfulló Fabián cayéndome encima y comenzando a llorar—. Eres una cualquiera —dijo haciéndome enojar. Pero, más que estar enojada con él por su opinión, estaba furiosa conmigo. Odiaba que aún me doliera lo que él pensara de mí.—Lárgate, Fabián —pedí conteniendo mis ganas de golpearlo hasta que su cuerpo se viera tan herido como estaba mi alma.—¿Por qué me engañaste? —preguntó llorando cuan niño pequeño.Lo miré dolida, lo que más me dolía era ver el dolor de ese hombre. Y me odiaba por eso. Con todo el daño que él me había hecho se merecía que yo le destrozara el alma, y me mataba hacerlo.—Vete, Fabián —volví a pedir pretendiendo que no me dolía esa situac
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7. LÁGRIMAS Y SOLEDAD
—Lo lamento, abue —sollocé—, lamento no haber estado a tu lado... lamento haber hecho las cosas tan mal... lamento no tenerte a mi lado... te necesito tanto, abuelita... te necesito aquí, conmigo... quiero que me perdones, que me abraces, quiero que estés de nuevo conmigo, por favor, abue, porfa...Lloraba mientras las fuerzas de levantarme no volvían a mí. Me estaba pasando de todo y yo no tenía en quien apoyarme. Y, aunque sabía que no debía bajar la guardia, ya no me quedaban fuerzas ni de ponerme en pie.» Me he equivocado tanto —confesé apenada—, he hecho tantas cosas mal, ya no puedo más, abue, ya no puedo... No sé qué hacer, ni siquiera sé porqué volví aquí —confesé y lloré desahogando mis penas con alguien que siempre me escuchó y que, esperaba, ahora me escuchaba desde el cielo.&r
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8. CURANDO MI CORAZÓN
Era sábado por la mañana y yo estaba más que cansada. El día anterior había sido bastante agotador y no había pasado una buena noche.En tan solo veinticuatro horas me había dado cuenta que me dolían demasiadas cosas de ese lugar y, aunque lo busqué mucho, ni siquiera pude encontrar la razón de haber regresado.—Buenos días, mami —dijo Diego tirándose sobre mí—. ¿Cuándo llegaste?—Cuando ya dormías —dije—. Te cargué, ya no eres tan pequeño, ¿sabes?—Lo sé —admitió sonriente—, pero tú eres súper fuerte.—Claro —dije. ¿Fuerte? Ni siquiera me veía haciéndole frente a mi vida y mi hijo pensaba que yo era "súper fuerte"—. Diego, ¿te gusta este lugar? —pregunté y mi hijo me mir&
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9. LA FUERZA DE LA GENÉTICA
—Mami, ¿puedo ir a casa de Lili? —preguntó Diego corriendo a mí. Sonreí. A ese niño le había encantado mi abuelo y, según pude darme cuenta, a mi abuelo, ese que era dueño completo de mi corazón, le había robado el suyo también.—Con una condición —dije.—¡Claro! —gritó Diego y me reí. Él ni siquiera había esperado a escuchar la condición y ya había aceptado. Diego no había estado en mis entrañas, pero era igualito a mí. Era impulsivo, y un poco bobito, a veces.—Ay amor —dije—, primero escucha la condición. Ni siquiera sabes lo que pediré.—Seguro quieres un beso de este galán —dijo mi hijo adoptando una postura algo ridícula, pero que me encantaba. Ese niño me encan
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