Los días posteriores transcurrieron con una lentitud exasperante para los conspiradores, pero con una precisión implacable y meticulosa para los soberanos del Imperio de la Luna de Sangre. Durante toda la semana previa a la llegada de la esperada luna nueva, Vane mantuvo su fachada habitual en el consejo con una maestría cínica, sin sospechar ni por un solo segundo que cada uno de sus movimientos, sus miradas furtivas hacia los pasillos laterales y sus breves encuentros clandestinos estaban siendo rigurosamente documentados, registrados y analizados por la guardia de élite de la manada. Mientras tanto, en las sombras, las tropas de la manada Luna Negra se reubicaban estratégicamente de noche, transformando la supuesta zona vulnerable del sector norte en una fortaleza impenetrable, aunque hábilmente camuflada bajo una estudiada ilusión de fragilidad que engañaría al ojo más experto. La noche señalada llegó finalmente con un cielo despejado, dominado por un enorme y brillante disco pla
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