Seis meses después de la gran coronación, la primavera había regresado con una fuerza insólita al valle de la manada Sol Naciente, rebautizada ahora como el Territorio de la Esperanza. Los campos que durante años permanecieron estériles bajo el mando de Damien florecían en matices dorados y violetas, alimentados por la resurgida corriente mágica que Elena encauzaba a través de las tierras unificadas. Los ríos volvían a transportar agua cristalina y la abundancia había erradicado el fantasma de