El eco de la voz de Elena aún vibraba en las altas murallas de piedra cuando la temperatura del patio de armas descendió de forma drástica, transformando el aire en una neblina helada. La escarcha negra que Kaelen había esparcido comenzó a trepar por las columnas como hiedra venenosa, emitiendo un crujido seco y sumamente amenazante.
Kaelen soltó una carcajada seca, un sonido metálico que resonó directamente en la mente de todos los presentes, provocando escalofríos.
—¿Crees que un poco de lu