Seis meses de paz absoluta en el Imperio de la Luna de Sangre habían sido suficientes para que el continente olvidara el miedo, pero la oscuridad nunca descansa; solo aguarda el momento preciso para fracturar la luz.
Las campanas de la torre principal de la capital resonaron con una urgencia inusitada a medianoche. En los aposentos reales, Elena se incorporó de inmediato, con el pulso acelerado. La magia de la Luna de Sangre en sus venas vibró con una punzada de advertencia, como si las runas