El amanecer sobre la capital del Imperio de la Luna de Sangre no trajo la habitual y reconfortante sensación de tranquilidad que caracterizaba los meses posteriores a la unificación. Tras el brutal y desconcertante ataque nocturno perpetrado por Kaelen, sumado a su escalofriante advertencia sobre la existencia de traidores infiltrados en los niveles más altos del poder, un pesado manto de sospecha, recelo e inquietud generalizada se extendió con rapidez pasmosa entre los altos mandos del ejérci