Mundo ficciónIniciar sesiónElena no esperaba volver a saber de Sofía tan pronto, y mucho menos que se presentara sin avisar en la puerta de la mansión, una tarde lluviosa de sábado, con un ramo de flores en las manos y una sonrisa que pretendía transmitir una preocupación genuina.
—Elena, perdón por venir sin avisar —dijo Sofía, cuando Graciela la condujo hasta la sala donde Elena descansaba leyendo —Intenté llamarte varias veces esta semana, pero no contestaste, y me empecé a preocupar. —He estado ocupada con los preparativos del bebé —respondió Elena, con cierta cautela, invitando a Sofía a sentarse frente a ella, aunque sin la calidez que solía caracterizar sus encuentros antes de todo el escándalo —¿Qué tal has estado tú? —Bien, dentro de lo que cabe —dijo Sofía, entregándole el ramo de flores con una sonrisa que a Elena le pareció, por primera vez, ligeramente forzada —Sobre todo, preocupada por ti. Con todo lo que salió en las noticias hace unas semanas, quería asegurarme de que estuvieras realmente bien. —Todo se resolvió —respondió Elena, con cierta distancia —Dante se encargó de aclarar la situación completamente. —Sí, escuché que compró el medio que publicó aquello —comentó Sofía, con un tono que a Elena le costó interpretar del todo, entre la admiración y algo más difícil de nombrar —Debe ser bastante intenso vivir con un hombre con tanto poder, ¿no? Capaz de comprar periódicos enteros solo para proteger su imagen. —No lo hizo para proteger su imagen, Sofía, lo hizo para protegerme a mí —corrigió Elena, sintiendo una ligera incomodidad ante el matiz de aquel comentario. —Claro, claro, por supuesto —se apresuró a decir Sofía, aunque Elena notó que aquella corrección no parecía haberla convencido del todo —Es solo que, bueno, imagino que debe ser complicado también, ¿no? Vivir bajo tanto escrutinio, con un hombre que controla absolutamente todo a su alrededor. Elena frunció ligeramente el ceño ante aquel comentario, sintiendo que algo en el tono de Sofía no terminaba de encajar con la preocupación genuina que pretendía proyectar. —Dante no controla todo a su alrededor, Sofía —respondió, con cierta firmeza —De hecho, ha sido sorprendentemente respetuoso con mi independencia. —Me alegra escuchar eso —dijo Sofía, aunque su expresión sugería lo contrario —Es solo que, bueno, escuché rumores en algunos círculos sociales sobre su primera esposa, y sobre lo controlador que llegó a ser con ella. Me preocupa que quizás no conozcas completamente la historia antes de haberte casado tan rápidamente. Elena sintió que un escalofrío de alerta le recorría la espalda. Nunca le había contado a Sofía los detalles sobre Isabella que había descubierto durante las últimas semanas; de hecho, aquella información permanecía estrictamente entre ella y Dante. —¿Qué rumores exactamente? —preguntó, con cautela, decidiendo observar con mucha más atención hacia dónde se dirigía aquella conversación. —Ay, no sé, cosas vagas que se comentan en ciertos círculos —respondió Sofía, con un gesto evasivo de la mano —Que era muy posesivo, que ella se sentía atrapada en ese matrimonio, cosas así. —¿Y cómo escuchaste tú esos rumores, Sofía? —insistió Elena —Que yo sepa, tú nunca te has movido en los círculos sociales de la familia Moretti. Sofía pareció titubear brevemente, un gesto casi imperceptible, pero que Elena, cada vez más atenta a cualquier señal de inconsistencia, no dejó pasar por alto. —Bueno, ya sabes cómo son estas cosas, los rumores viajan de boca en boca —respondió Sofía, con una sonrisa que pretendía restarle importancia al asunto —Alguien me lo comentó en una fiesta hace poco, no recuerdo exactamente quién. Elena decidió cambiar momentáneamente de tema, aunque guardó cuidadosamente aquella inconsistencia en su memoria, junto a otras pequeñas contradicciones que había ido notando en Sofía a lo largo de aquella visita. —¿Y cómo van las cosas en la empresa? —preguntó, con un tono casual —¿Sigues trabajando con Bruno? —Renuncié hace unas semanas —respondió Sofía, con cierta rapidez —Después de todo el escándalo, me pareció mejor alejarme completamente de esa familia. —Qué extraño —comentó Elena, con un tono deliberadamente ligero —Pensé que Bruno te había prometido una promoción importante hace tiempo. ¿No mencionaste alguna vez que esperabas convertirte en directora de comunicaciones? Sofía se removió ligeramente en su asiento, un gesto sutil que, sin embargo, no pasó desapercibido para Elena. —Sí, bueno, las circunstancias cambiaron —respondió, con vaguedad —Después de todo lo que pasó, ya no me sentía cómoda continuando ahí. —Entiendo —dijo Elena, aunque en su interior la desconfianza crecía con cada respuesta evasiva de su antigua amiga —Es curioso, Sofía, porque hace apenas unas semanas mencionaste que seguías en contacto frecuente con Bruno para "mantener la paz entre todos", según tus propias palabras. Ahora dices que renunciaste hace semanas y que te alejaste completamente de la familia. ¿Cuál de las dos versiones es la correcta? El rostro de Sofía se tensó visiblemente ante aquella pregunta directa, y por un instante, Elena creyó ver un destello de pánico cruzar sus ojos antes de que lograra recomponer su expresión. —Elena, no entiendo por qué me interrogas de esta manera —dijo, con un tono que pretendía sonar herido, aunque a Elena le resultó cada vez menos convincente —Vine aquí porque genuinamente me preocupo por ti, no para que me sometas a un interrogatorio. —No es un interrogatorio, Sofía, solo estoy tratando de entender por qué tus historias no siempre coinciden —respondió Elena, con una calma que sorprendió incluso a ella misma — Después de lo que pasó con la boda de Bruno, cuando descubrí que sabías todo desde hacía meses y me lo ocultaste, es normal que ahora preste mucha más atención a los detalles de lo que me cuentas. Sofía se quedó en silencio un largo momento, y Elena pudo notar cómo calculaba cuidadosamente su siguiente respuesta, un gesto que reconocía perfectamente de las semanas en que había descubierto, poco a poco, la verdadera naturaleza de su supuesta mejor amiga. —Está bien, Elena, quizás exageré un poco sobre mi relación con Bruno últimamente —admitió finalmente, aunque con un tono que sonaba más a estrategia que a arrepentimiento genuino —La verdad es que sí, seguimos en contacto ocasional, más que nada porque me preocupa su estado emocional después de todo lo sucedido. Pero te juro, Elena, que no hay ninguna mala intención detrás de eso. Elena asintió lentamente, aunque en su interior ya había tomado una decisión firme, a partir de ese momento, mantendría una distancia prudente con Sofía, observando con mucha más cautela cada palabra, cada gesto, cada pequeña inconsistencia que pudiera revelar, poco a poco, cuál era el verdadero papel que su antigua amiga jugaba en aquella historia cada vez más compleja que rodeaba a la familia Moretti. —Gracias por la visita, Sofía —dijo finalmente, levantándose de su asiento con una cortesía que ya no sentía del todo genuina —Pero creo que necesito descansar un poco. El embarazo me tiene bastante cansada últimamente. —Por supuesto, Elena, entiendo perfectamente —respondió Sofía, levantándose también, aunque Elena notó un destello de frustración apenas disimulada en su expresión, como si hubiera esperado obtener algo más de aquella visita que ella misma se negaba, por ahora, a revelar. Cuando finalmente Sofía se marchó, Elena permaneció de pie junto a la ventana de la sala, observando el auto de su antigua amiga alejarse por el camino de entrada de la mansión, con una certeza creciente de que aquella mujer, lejos de haber renunciado completamente al círculo de los Moretti, todavía mantenía vínculos mucho más profundos y peligrosos de lo que estaba dispuesta a admitir.






