Capítulo 22: El primer movimiento

Elena encontró el documento por pura casualidad, una tarde en que ayudaba a organizar algunos archivos en el despacho de Dante mientras él atendía una videollamada urgente con inversionistas internacionales. Entre una pila de reportes financieros que Dante le había pedido clasificar, un nombre le llamó poderosamente la atención, Textiles Andrade, una empresa mediana especializada en manufactura textil de alta gama, con décadas de trayectoria en el sector pero atravesando dificultades financieras recientes.

Elena recordaba aquel nombre de sus años de estudio en administración de empresas. Textiles Andrade había sido, durante mucho tiempo, un caso de estudio en varias de sus clases universitarias, precisamente por su potencial desaprovechado, contaban con patentes valiosas en procesos de manufactura sostenible que ninguna otra empresa del país había logrado replicar, pero una gestión administrativa deficiente los había llevado, año tras año, a desperdiciar aquel potencial innovador.

Continuó revisando el documento, y su sorpresa aumentó al descubrir que se trataba de un informe de viabilidad de adquisición, encargado, según las iniciales al pie del documento, directamente por Bruno Moretti.

—Elena, no sabía que estabas revisando esos archivos —la voz de Dante la sobresaltó, entrando al despacho tras finalizar su videollamada — ¿Encontraste algo interesante?

—De hecho, sí —respondió Elena, mostrándole el documento con una expresión pensativa — ¿Bruno está evaluando adquirir Textiles Andrade?

Dante tomó el informe, revisándolo brevemente con el ceño fruncido.

—No tenía conocimiento de esto —admitió, con cierta sorpresa —Bruno maneja algunas inversiones personales de manera independiente al grupo principal de la empresa familiar, pero normalmente me mantiene informado sobre movimientos de esta magnitud.

—¿Sabes por qué le interesaría específicamente esta empresa? —preguntó Elena, con una curiosidad genuina que iba mucho más allá de la simple observación casual —Textiles Andrade tiene un potencial enorme, pero requiere una reestructuración administrativa profunda para aprovecharlo. No parece el tipo de inversión rápida que normalmente interesa a Bruno.

Dante la observó con una expresión de sorpresa creciente ante la seguridad con la que Elena hablaba sobre aquel tema.

—¿Conoces bien esta empresa? —preguntó, con genuina curiosidad.

—La estudié extensamente durante la universidad —confesó Elena, sintiendo que una idea comenzaba a formarse rápidamente en su mente—Textiles Andrade posee patentes de procesos textiles sostenibles que podrían revolucionar completamente el mercado de la moda ética, un sector que está creciendo aceleradamente en los últimos años. El problema es que la familia fundadora, ya en su tercera generación, carece completamente de la visión empresarial necesaria para capitalizar ese potencial.

Dante se quedó observándola con una expresión que combinaba sorpresa e interés genuino.

—¿Estás sugiriendo que esta sería una adquisición valiosa? —preguntó, con cautela.

—Estoy sugiriendo que sería una adquisición extraordinariamente valiosa, si se maneja con la estrategia correcta —respondió Elena, sintiendo que la emoción comenzaba a apoderarse de ella—Y creo que sé exactamente por qué Bruno está interesado. No es por el potencial de la empresa en sí, sino porque, si mal no recuerdo mis estudios, Textiles Andrade posee terrenos industriales estratégicamente ubicados cerca del nuevo corredor comercial que el gobierno anunció hace unos meses. El verdadero valor no está en la manufactura textil, Dante, está en los terrenos.

Dante guardó silencio un largo momento, procesando aquella información con una atención que Elena reconocía como su modo de análisis estratégico más profundo.

—Si Bruno adquiere esos terrenos antes de que se confirme oficialmente la construcción del corredor comercial, obtendría una ganancia extraordinaria revendiéndolos después, sin siquiera necesidad de invertir en la reestructuración de la empresa textil —dijo finalmente, con una expresión que combinaba preocupación y una admiración reticente hacia el análisis de Elena.

—Exactamente —confirmó Elena —Y conociendo a Bruno, no le importará en absoluto lo que suceda con los empleados de la empresa ni con el potencial textil que podría desarrollarse. Solo le interesará la ganancia inmediata de los terrenos.

—¿Qué sugieres que hagamos? —preguntó Dante, con una seriedad que dejaba claro que valoraba genuinamente la perspectiva de Elena.

Elena sintió que el corazón le latía con una emoción que no experimentaba desde hacía meses, una sensación de propósito que iba mucho más allá de simplemente sobrevivir a los escándalos familiares de los Moretti.

—Creo que deberíamos adelantarnos —dijo, con una determinación creciente —Si logramos adquirir Textiles Andrade antes de que Bruno complete su oferta, no solo le arrebataríamos una ganancia significativa, sino que además podríamos desarrollar genuinamente el potencial de la empresa, aprovechando tanto los terrenos estratégicos como las patentes sostenibles que actualmente están completamente desaprovechadas.

—¿Estás proponiendo que compremos la empresa nosotros? —preguntó Dante, con una expresión que oscilaba entre la sorpresa y un interés genuino.

—No nosotros exactamente —corrigió Elena, con una sonrisa que comenzaba a formarse en su rostro ante la idea que tomaba forma rápidamente en su mente —Yo. Recuerda, Dante, que una de mis condiciones para este matrimonio fue mantener mi independencia profesional. Siempre soñé con desarrollar un proyecto propio, y esta podría ser exactamente la oportunidad que estaba esperando.

Dante la observó largamente, con una expresión que Elena no supo interpretar del todo, hasta que finalmente habló, con una voz cargada de un respeto genuino que ella no había escuchado antes en él con tanta claridad.

—¿Tienes el capital necesario para una adquisición de esta magnitud? —preguntó, aunque su tono sugería que ya conocía perfectamente la respuesta.

—No sin ayuda —admitió Elena, con honestidad — Pero el fideicomiso que estableciste para mí en el contrato matrimonial incluye una cláusula de inversión independiente, ¿no es así? Podría utilizar parte de esos fondos como capital inicial, y buscar inversionistas adicionales para completar el resto.

Dante permaneció en silencio un momento, evaluando cuidadosamente la propuesta de Elena con la misma seriedad estratégica que aplicaba a cualquier decisión importante de su propia empresa.

—Podría ofrecerte más que simplemente permitir el uso del fideicomiso —dijo finalmente, sorprendiendo a Elena —Podría convertirme en tu socio inversionista principal, aportando el capital adicional necesario para completar la adquisición rápidamente, antes de que Bruno tenga oportunidad de avanzar más en sus propios planes.

—Dante, no quiero que sientas obligación de intervenir en esto solo porque soy tu esposa —dijo Elena, con cierta cautela, recordando las reglas estrictas que ambos habían acordado sobre mantener límites claros entre sus vidas —Quiero demostrar que puedo lograr esto por mi cuenta.

—Y lo demostrarás, Elena —respondió Dante, con una convicción genuina —La estrategia, la visión, la ejecución completa del proyecto serán completamente tuyas. Yo simplemente aportaría el capital necesario, como cualquier inversionista silencioso lo haría en cualquier negociación comercial legítima. Considera esto una inversión puramente comercial de mi parte, no un favor personal hacia mi esposa.

Elena sintió que una sonrisa genuina se dibujaba en su rostro, una mezcla de emoción y determinación que no experimentaba desde hacía mucho tiempo.

—Entonces tenemos un trato, socio —dijo, extendiendo su mano hacia Dante con una formalidad juguetona que él correspondió de inmediato, estrechando su mano con una firmeza que sellaba mucho más que un simple acuerdo comercial.

—Tenemos un trato —confirmó Dante, con una sonrisa que Elena reconoció como genuinamente orgullosa —Y ahora, Elena, sugiero que comencemos a movernos rápidamente. Si Bruno descubre que estamos adelantándonos a sus planes, no dudará ni un segundo en intentar sabotear esta adquisición de cualquier forma posible.

—Que lo intente —respondió Elena, con una determinación feroz que sorprendió incluso a ella misma —Esta vez, Bruno Moretti va a descubrir exactamente con quién decidió meterse cuando intentó destruirme hace unos meses.

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