Apenas tres días después de la tensa cena familiar, Elena despertó una madrugada con un dolor punzante en el vientre que la hizo incorporarse de golpe, sintiendo que un sudor frío le recorría inmediatamente la frente. —Dante —logró decir, con la voz entrecortada, alcanzando el teléfono en su mesa de noche para llamarlo, aunque sabía que él dormía todavía en el ala opuesta de la mansión. Apenas segundos después, escuchó pasos apresurados acercándose por el pasillo, y Dante irrumpió en su habitación con una expresión de alarma genuina, todavía vestido con la ropa de dormir. —Elena, ¿qué sucede? —preguntó, sentándose de inmediato junto a ella en la cama, con una preocupación evidente en cada gesto. —Siento un dolor fuerte aquí —dijo Elena, llevándose una mano al vientre, con el rostro contraído por la molestia —Y me siento mareada, Dante, algo no está bien. —Vamos al hospital ahora mismo —decidió Dante, sin ninguna vacilación, levantándose de inmediato para ayudarla a incorporarse c
Ler mais