Mundo ficciónIniciar sesiónDos semanas después de la gala de inversionistas, Elena recibió una invitación para el estreno de una nueva galería de arte en el centro de la ciudad, un evento organizado por una de las diseñadoras de moda más reconocidas del país, con quien había comenzado a establecer contactos profesionales gracias a su creciente participación en los círculos empresariales de la ciudad.
—Creo que esta es una excelente oportunidad para explorar posibles colaboraciones futuras entre Textiles Andrade y diseñadores de moda ética emergentes —comentó Elena, durante el desayuno, mostrándole a Dante la invitación — Varios diseñadores importantes estarán presentes, y podría ser el momento perfecto para presentar formalmente nuestra nueva línea sostenible. —Me parece una idea excelente —respondió Dante, con genuino interés —¿Necesitas que te acompañe? —No es necesario esta vez —dijo Elena, con una sonrisa —Es un evento pensado más para establecer contactos profesionales específicos del sector textil. Creo que puedo manejarlo perfectamente sola. La tarde del evento, Elena decidió estrenar un vestido que había adquirido específicamente para la ocasión, un diseño elegante en color rojo intenso, con un escote considerablemente más pronunciado del que normalmente prefería, pero que la diseñadora responsable del evento le había recomendado específicamente para causar una impresión memorable ante los inversionistas y diseñadores presentes. —Te ves absolutamente espectacular, Elena —comentó Marisol, ayudándola con los últimos detalles antes de que el auto la llevara hacia el evento —Ese vestido resalta perfectamente tu figura, incluso con el embarazo tan avanzado. Elena sonrió, sintiéndose genuinamente segura de sí misma mientras se observaba en el espejo, una seguridad que había ido construyendo lentamente durante los últimos meses de crecimiento profesional y personal. El evento resultó ser todavía más exitoso de lo que Elena había anticipado. Estableció contactos valiosos con tres diseñadores de moda ética que mostraron un interés genuino en colaborar con Textiles Andrade, e incluso recibió una propuesta preliminar de colaboración de parte de la organizadora principal del evento. Sin embargo, no fue hasta que regresó a la mansión, ya entrada la noche, cuando notó el cambio evidente en la expresión de Dante al verla entrar por la puerta principal. —¿Cómo estuvo el evento? —preguntó, con un tono que pretendía sonar casual, aunque Elena notó de inmediato cierta tensión en su postura. —Excelente, Dante —respondió ella, con entusiasmo genuino —Establecí contactos con varios diseñadores importantes, y... —¿Ese es el vestido que usaste durante todo el evento? —interrumpió Dante, con una expresión que Elena no supo interpretar del todo al principio. —Sí, ¿por qué? —preguntó Elena, notando finalmente la intensidad con la que Dante observaba el vestido, deteniéndose particularmente en el escote. —Es solo que... —Dante pareció dudar un momento, como si luchara internamente contra algo que no quería admitir completamente —Me hubiera gustado saber con anticipación qué ibas a usar esta noche. —¿Por qué exactamente? —insistió Elena, con una ceja ligeramente alzada, comenzando a sospechar la verdadera razón detrás de aquella incomodidad evidente. —Simplemente me parece un vestido considerablemente más... revelador de lo que normalmente prefieres usar en eventos públicos —respondió Dante, con un tono que luchaba visiblemente por mantenerse neutral, aunque sin lograrlo del todo. Elena sintió que una sonrisa comenzaba a formarse en su rostro, reconociendo finalmente, con creciente diversión, la verdadera naturaleza de aquella reacción. —Dante, ¿estás celoso de un vestido? —preguntó, sin poder contener del todo su diversión ante la situación. —No estoy celoso, Elena —respondió él, demasiado rápido, con una expresión que contradecía completamente sus palabras — Simplemente me preocupa que ciertos hombres presentes en ese evento pudieran haber malinterpretado tu... presencia esta noche. —¿Malinterpretado en qué sentido exactamente? —insistió Elena, cruzándose de brazos, disfrutando abiertamente de aquella conversación. Dante guardó silencio un momento, visiblemente luchando contra sí mismo antes de finalmente ceder ante la evidencia innegable de su propia reacción. —Está bien, Elena, quizás sí sentí algo parecido a los celos esta noche —admitió finalmente, con una vulnerabilidad que Elena encontró genuinamente conmovedora —La idea de que otros hombres te observaran con ese vestido, mientras yo permanecía aquí sin poder acompañarte, me generó una incomodidad que no esperaba sentir con tanta intensidad. Elena se acercó hacia él, sintiendo que el corazón le latía con una fuerza renovada ante aquella confesión sincera. —Dante, no tienes por qué sentirte así —dijo, con suavidad —Ningún hombre en ese evento significó absolutamente nada para mí. Estaba completamente concentrada en establecer contactos profesionales importantes para Textiles Andrade. —Lo sé racionalmente, Elena —respondió Dante, con una honestidad que Elena valoraba cada vez más en él —Pero desde hace algún tiempo, algo ha cambiado dentro de mí respecto a ti, algo que ya no logro controlar completamente con la misma lógica pragmática que aplico normalmente a cada aspecto de mi vida. Elena sintió que el aire se volvía más denso entre ambos, consciente de que se acercaban peligrosamente a una conversación que ninguno de los dos había tenido el valor de iniciar completamente hasta ese momento, a pesar de las señales evidentes que ambos habían estado ignorando durante semanas. —¿Qué está cambiando exactamente, Dante? —preguntó, con la voz apenas audible, necesitando escuchar aquella respuesta directamente de sus labios. Dante se acercó un paso más hacia ella, con una intensidad en su mirada que Elena jamás había presenciado con tanta claridad. —Empecé a sentir algo mucho más profundo de lo que nuestro contrato original contemplaba, Elena —confesó finalmente, con una vulnerabilidad genuina que dejaba completamente expuesta la fachada de control que normalmente proyectaba—Y esta noche, al verte regresar con ese vestido, imaginando la atención que probablemente recibiste durante el evento, sentí una posesividad que va mucho más allá de la simple preocupación protocolaria de un esposo por conveniencia. Elena sintió que las lágrimas amenazaban con acumularse en sus ojos, producto de una emoción que había estado conteniendo durante semanas enteras, sin atreverse a nombrarla completamente ni siquiera consigo misma. —Yo también he sentido algo similar, Dante —admitió, con la voz temblorosa —Durante semanas he intentado convencerme de que simplemente disfrutaba de nuestra creciente cercanía como parte natural de la convivencia, pero esta noche, viendo tu reacción, comprendo que hay mucho más detrás de todo esto. Dante extendió su mano, acariciando suavemente la mejilla de Elena con una ternura que contrastaba enormemente con la posesividad que acababa de confesar segundos antes. —¿Qué vamos a hacer con esto, Elena? —preguntó, con una honestidad vulnerable que Elena encontraba profundamente conmovedora. —No lo sé, Dante —confesó ella, sintiendo que la cercanía de aquel momento trascendía completamente cualquier cláusula contractual que ambos hubieran firmado meses atrás —Pero creo que ya es momento de dejar de fingir que esto sigue siendo simplemente un acuerdo práctico entre nosotros. Ambos permanecieron en silencio, sintiendo la tensión de un momento que amenazaba con transformar completamente la naturaleza de su relación, cuando el sonido del teléfono de Dante rompió abruptamente aquella atmósfera cargada de una intimidad que ninguno de los dos parecía todavía completamente preparado para enfrentar del todo.






