El chorro de agua helada y turbia le dio de lleno en el pecho y el rostro a Alexander, empapándolo por completo. El agua chorreaba de su cabello oscuro, mezclándose con la sangre de su labio y pegando la camisa fina a su piel.A través de la ventana, con el llanto ahogándome y el pecho destrozado, no pude soportarlo más. Abrí la puerta de madera y salí al porche.—¡Zoe! —exclamó Alexander al verme. Su mirada se iluminó por un segundo en medio de la miseria. A pesar de estar mojado, sangrando y humillado, dio un paso desesperado hacia mí—. Zoe, mi amor... por favor. Tienes que oírme. Esas fotos... nada paso ese dia . Yo jamás te engañaría con Zara, tienes que creerme...Sus explicaciones sonaban vacías, lamentables. Él mismo sabía que sonarían como la excusa de un cobarde; no tenía cómo probar lo que decía.Tragué saliva, sintiendo un sabor amargo a hiel y lágrima en la boca. Bajé los escalones despacio, manteniendo una distancia prudente. Cada pulgada que avanzaba me costaba la vida,
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