Alexander
Las palabras del sacerdote resonaban en la inmensidad de la Catedral de San Patricio como un eco lejano, envueltas en el aroma a incienso y azucenas. La sacra monotonía del sermón sobre la fidelidad, la entrega y el amor eterno parecía suspendida en el aire, pero para mí, cada segundo se sentía como un suplicio.
El frío que emanaba de la mano de Zoe atravesaba la tela de mi guante. Desde que se había retirado el