Eleanor avanzó por el patio con una elegancia rígida que parecía un insulto en medio de la sencillez del campo. Observó con profundo desagrado las paredes de madera, la tierra húmeda del piso y el cacareo distante de las aves de corral. Cada movimiento de su cuerpo traslucía una incomodidad brutal; la casa de mis padres le resultaba un entorno grotesco y humillante.
—Quiero hablar con Zoe en privado —sentenció Eleanor, ajustándose los guantes de piel y mirando a mis padres como si fueran insect