Alexander
El silencio que siguió al rugido del motor del deportivo de Christopher, quien corrio detras de Zoe, fue más ensordecedor que los gritos de la prensa y las sirenas de patrulla que comenzaban a aproximarse a la catedral.
Me quedé de pie sobre la escalinata de piedra de San Patricio, con el traje de etiqueta completamente arrugado, la camisa manchada de polen y la mejilla izquierda ardiéndome por el impacto brutal del ramo d