Zoe
El espejo del tocador estaba rodeado de luces cálidas, pinceles, frascos de fijador y los murmullos apurados de dos estilistas de alta sociedad. Me mantenía completamente erguida, con la espalda recta y la mirada fija en un punto indeterminado de la pared. No parpadeaba. No sonreía.
—Tiene una piel preciosa, señorita Zoe, pero las ojeras están un poco marcadas... —comentó una de las maquilladoras, aplicando una capa