Alexander
La Catedral de San Patricio era un templo de mármol, flores y murmullos ensordecedores. La luz matutina atravesaba los enormes vitrales góticos, dibujando sombras alargadas sobre los bancos de caoba donde la alta sociedad neoyorquina compartía espacio con los campesinos del pueblo de Zoe. Era una estampa surrealista que meses atrás me habría parecido absurda, pero en lo único que yo podía pensar era en que la pesadill