Pero cuando deslizó una mano hasta mi nuca y tiró de mí hasta dejar mi rostro a pocos centímetros del suyo, aquellas reglas parecieron hojas de papel consumiéndose en el fuego.Y, en ese momento, ella parecía una fruta prohibida y yo estaba hambriento.«No puedo hacerlo», me dije, aunque mi pulgar ya recorría la línea de su mandíbula.Pero entonces bajó la mano, me sujetó por la muñeca, apartó mi mano de su cuello y la presionó contra su corazón. Arqueó la espalda y su pequeño top negro se tensó contra su piel.Lo terriblemente indebido de la situación hizo que la cabeza me diera vueltas.El calor de la habitación era insoportable. Sentí que el sudor comenzaba a brotar en mi frente. Cada centímetro de mi piel que ella tocaba parecía arder. Quería recostarla sobre el terciopelo y perderme en ella.Mierda...Era mi hermanastra.Hermanastra.Hermana...¿Qué carajos me pasaba? Un día antes, odiaba hasta el aire que respiraba. Quería que se marchara. Quería perderla de vista. Y ah
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