Caminé hasta la puerta, la abrí apenas una rendija y me coloqué en medio, utilizando mi ancho cuerpo para impedir que viera un solo centímetro de la habitación a mis espaldas. Gianna era un bulto debajo de las sábanas y, si se atrevía siquiera a toser, mi vida se acabaría.Era la tía Alessia.Incluso a esa hora, parecía lista para una sesión fotográfica con su vestido de seda oscuro. Era la única persona de aquella familia a la que amaba más que a nadie, pero, en ese momento, era la última persona a la que quería ver.—Raphael —dijo mientras una cálida sonrisa se extendía por su rostro—. Por fin estás en casa.Tragué con dificultad, sintiendo un nudo en la garganta, duro como una piedra.—Tía Alessia. ¿Qué haces aquí tan tarde? Hace mucho que pasó tu hora de dormir.—Vine a pasar la noche y estaba esperándote —respondió mientras se acercaba.No me moví. Permanecí clavado en el suelo, apretando el pomo con tanta fuerza que el metal se hundió en mi palma.—Los guardias de la entr
Leer más