La gran sala de juntas de la residencia olía a cuero, pólvora y la solemnidad de un imperio a punto de mudar de piel. En la cabecera de la enorme mesa de caoba se encontraban los patriarcas, Ángelo Di Santi y Li Wei, flanqueados por sus esposas, Cassandra y Clara. A un lado, erguido como un roble antiguo, permanecía Arrieta, el veterano padre de Wei Zhang, acompañado por su hijo Zhang, quien observaba la escena con una lealtad inamovible.En el centro de la estancia, de pie y con posturas que respiraban autoridad, se alineaba la Nueva Generación: Alessia, Thiago, Alessandro, Damián, Yang, Bianca y Luciana. Detrás de ellos, observando en silencio, Enzo permanecía apoyado contra una columna junto a su inseparable jefe de seguridad, Larry.A un costado de la sala aguardaban Marco, Vicente y Larius, los implacables jefes de las cuadrillas tácticas de la familia, atentos para conocer a sus nuevos mandos directos.Ángelo dio un golpe seco en la mesa con el puño, haciendo que el eco retumbar
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