Dentro del despacho, la tensión subió de nivel. Angelo cruzó los brazos sobre su pecho, clavando sus ojos de acero en Damián.—A ver, Damián —demandó Angelo con voz gélida—. Explícame cómo empezó todo esto. Quiero la verdad. Ahora.Damián suspiró, manteniéndose firme, sin mirar a su hermano, quien lo fulminaba con la mirada.—La chica que limpia la piscina trabajaba antes como mesera en el club Cobra, padre —comenzó a explicar Damián—. Hace unos días, cuando le sirvió la bebida a Alessandro, por accidente le cayeron unas gotas de licor en el pantalón de diseñador que él llevaba. Alessandro se molestó muchísimo, le gritó, la empujó y llegó al extremo de apuntarle con su arma. Yo intervine para evitar que le hiciera daño, pero esa misma noche él hizo que la despidieran del club.La mandíbula de Angelo se tensó tanto que un músculo de su rostro comenzó a saltar. Dio un paso lento pero letal hacia Alessandro.—¿Qué putas te pasa, Alessandro? —le espetó Angelo, con una furia contenida que
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