Su cuñada soltó una risa cargada de desprecio.—¿Y con qué dinero? Si no tienes dónde caerte muerta.Camila la miró con serenidad.—Cuñada, tú no sabes absolutamente nada de mí. Cuando dije que no necesito el dinero de nadie, hablaba muy en serio.León dio un paso al frente.—¿Qué fue exactamente lo que descubrió tu familia sobre mí?Ella sonrió con amargura.—Nada que te interese.Tomó aire antes de continuar.—Con permiso. Su circo ya me aburrió. Yo sí tengo responsabilidades mañana y necesito descansar.Sin esperar respuesta, caminó hacia la habitación que compartía con su esposo.León fue tras ella.La puerta apenas se cerró cuando volvió a hablar.—Camila, vas a explicarme eso de que tu familia me investigó.Ella dejó la mochila sobre una silla y se volvió lentamente.—Nunca dije que yo te mandara investigar. Mi familia lo hizo. No porque desconfiaran de mí, sino porque querían saber con quién me estaba casando.Lo observó unos segundos.—No les caes bien. Pero, al menos, jamás i
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