Elion, de pie la observaba sin pestañear, con esa mirada pesada e impenetrable que está acostumbrado a poseer todo lo que desea.Serena deslizó la seda de su vestido por los hombros, dejándolo caer a sus pies con una parsimonia estudiada.A continuación, retiró su ropa interior, quedando completamente desnuda frente a la fiera.No apartó los ojos de su marido ni un solo segundo, saboreando el hambre voraz que ardía en las pupilas de él.—¿Así está bien, Don Elion? —murmuró ella con una inclinación de cabeza provocadora.Elion exhaló un suspiro áspero, un gruñido ronco retenido en el pecho.Serena era una visión deslumbrante, una criatura de belleza salvaje que desataba en él impulsos que creía extintos bajo años de sangre, poder y traiciones.La había poseído antes, pero la sed no se apagaba; al contrario, deseaba marcarla y tomarla a cada hora de cada día.Un pensamiento cruzó la mente del peligroso hombre mientras una sonrisa de lado se dibujaba en sus labios:«Esta mujer me devuelve
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