Los ojos de Elion, oscuros como el abismo brillaron con una intensidad felina al escucharla.No era solo el sonido de su respiración entrecortada lo que lo alimentaba, sino la capitulación absoluta de la mujer que tenía frente a él.Serena estaba a su merced, y ambos sabían que no había marcha atrás.Sus manos, marcadas por las cicatrices de un pasado violento, subieron con una lentitud tortuosa por los muslos de ella, ascendiendo por su vientre plano hasta alcanzar sus pechos.Los rodeó con sus palmas, masajeándolos suavemente, disfrutando del contraste de su piel pálida y suave contra la rudeza de sus dedos. Sus pulgares, ásperos y firmes, hicieron un énfasis deliberado en sus puntos más sensibles. Rozó los pezones con una presión calculada, obligándolos a erguirse, a exigir más.Ella soltó un gemido ahogado que reverberó en las paredes de la habitación. Con las manos aún atadas a por las gruesas cuerdas que Elion había ajustado con fría precisión, su cuerpo se arqueó instintivamen
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