La celebración continuó con un esplendor digno del poder de la familia Donnati.
El gran salón de recepciones de la mansión había sido transformado en un escenario de lujo absoluto. Inmensos candelabros de cristal colgaban del techo abovedado, reflejando miles de destellos dorados sobre las mesas decoradas con arreglos de orquídeas blancas y rosas marfil. Una elegante orquesta interpretaba melodías clásicas mientras los invitados disfrutaban de una cena preparada por algunos de los mejores chefs