Rocco quiso responder.
Pero su cuerpo ya no podía más.
El dolor, el agotamiento y la tensión acumulada durante aquella noche finalmente vencieron su resistencia.
Sus labios se separaron intentando formar una palabra, pero ningún sonido salió.
Elaine observó cómo los ojos de su nieto comenzaban a cerrarse lentamente.
—Rocco… —susurró.
Él intentó mantenerse despierto, pero la respiración se volvió más pesada y, segundos después, cayó dormido.
Por primera vez en mucho tiempo, Elaine vio al hombre q