Sentada en la silla de madera tallada, Serena sentía que el corazón le latía con fuerza contra las costillas, una pulsación salvaje que amenazaba con ahogarla.
Elion, se levantó de su asiento. Cada uno de sus movimientos poseía la gracia letal y calculada de un depredador que sabe que su presa no tiene escapatoria.
Se acercó a ella con una lentitud exasperante, marcando el suelo con sus zapatos hechos a medida.
Cuando estuvo a solo unos centímetros, se detuvo, envolviéndola con su imponente somb