—¿Y tú no vas a felicitarnos, sobrino? —preguntó Serena con una sonrisa impecable mientras entrelazaba sus dedos con los de Elion.
Su voz sonó dulce, casi inocente, pero Rocco conocía demasiado bien aquella expresión. Sabía que detrás de esa sonrisa había una mujer que nunca daba un paso sin calcular las consecuencias.
Todas las miradas se volvieron hacia él.
Durante unos segundos, el silencio fue absoluto.
Rocco permaneció inmóvil.
Su mandíbula estaba tan apretada que los músculos de su rostro