Los ojos de Elion, oscuros como el abismo brillaron con una intensidad felina al escucharla.
No era solo el sonido de su respiración entrecortada lo que lo alimentaba, sino la capitulación absoluta de la mujer que tenía frente a él.
Serena estaba a su merced, y ambos sabían que no había marcha atrás.
Sus manos, marcadas por las cicatrices de un pasado violento, subieron con una lentitud tortuosa por los muslos de ella, ascendiendo por su vientre plano hasta alcanzar sus pechos.
Los rodeó con sus