La tensión en la habitación era insoportable.
El silencio que había quedado después de la acusación de Rocco parecía pesar sobre todos como una amenaza.
Serena permanecía inmóvil, todavía intentando procesar lo ocurrido.
No podía creer que aquel hombre hubiera sido capaz de decir semejantes cosas.
Pero Rocco no parecía dispuesto a detenerse.
Con el rostro lleno de rabia y desesperación, dio un paso hacia adelante, ignorando las miradas de todos los presentes.
—¡Tío, no le creas! —gritó con deses