**NATALY**Gabriel me levantó de la cintura como si no pesara nada, llevándome directo hacia la cama de dos plazas de madera tallada.La seda del vestido marfil crujió cuando sus manos, torpes por la urgencia de tenerme, la rasgaron por la costura lateral. Me tumbó sobre el colchón y se acomodó sobre mí, despojándose de la chaqueta y la camisa de un solo tirón, dejando su torso esculpido expuesto al aire frío de la alcoba.Sentir el calor directo de su piel contra la mía me hizo soltar un suspiro tembloroso. Por más que mi mente le jurara odio eterno, mi anatomía respondía a su mando con una traición absoluta.—Mírame, Nataly —ordenó Gabriel, inclinándose sobre mi rostro, atrapándome las dos muñecas sobre la almohada con una sola mano de hierro.Sus ojos grises no reflejaban solo la fiera posesiva de siempre; había una fijeza distinta, un hambre desesperada que rozaba la vulnerabilidad. Me miraba como si fuera el único aire disponible en mitad de un ahogamiento, como si el dinero, la
Leer más