NATALY
El calor del fuego de la chimenea nos envolvía mientras el cuero del viejo sillón de mi padre crujía bajo nuestro peso.
Gabriel no me dio tiempo de pensar ni de lamentarme por la traición de mi sangre. Sus manos, desesperadas y dominantes, desabrocharon la chaqueta de cuero negro y la tiraron al suelo sin el menor miramiento. Me tenía acorralada contra los cojines de piel, cubriendo mi cuerpo con el suyo mientras su boca descendía sin piedad por el canal de mi pecho, arrancándome gemidos