Juliana caminó por el pasillo con la bandeja entre las manos, manteniendo la mirada fija en lo que tenía delante. Desde afuera, cualquiera habría pensado que estaba tranquila. Su expresión permanecía serena, sus pasos eran firmes y no había una sola señal evidente de lo que acababa de ocurrir. Pero por dentro era completamente diferente.Las palabras de Jimena seguían repitiéndose en su cabeza.No porque fueran una sorpresa.En realidad, quizás eso era lo que más le dolía.Porque, en el fondo, Juliana sabía que ese momento llegaría tarde o temprano. Sabía que una mujer como Jimena, perteneciente al mismo mundo que Sebastián, alguien hermosa, segura de sí misma y acostumbrada a ocupar un lugar importante en la vida de él, solo veria aquel matrimonio como un chiste, una situación absurda que debía solucionarse, y quizás eso era lo que más le dolía admitir, que aunque Sebastián hubiera sido amable con ella, aunque por momentos hubiera visto una versión diferente del hombre que tanto daño
Leer más