Samantha bajó el teléfono con la mano aún temblorosa, sintiendo que el aire se le escapaba de los pulmones. Jordan, al ver su palidez cadavérica y el terror en sus ojos, no dudó un segundo. La tomó suavemente por el brazo y la guió lejos de la cocina, donde Cassandra aún intentaba tragar bocado. Ambos se encerraron en la habitación de Samantha, buscando la privacidad que la gravedad de la situación exigía.—¿Qué pasa, Sam? ¿Quién era? —preguntó Jordan, con el ceño fruncido y la voz grave, intuyendo el peligro.Samantha lo miró a los ojos, sintiendo un nudo de culpa en el estómago.—Lamento mucho meterte en esto, Jordan, de verdad... —comenzó, con la voz entrecortada—. Era Alexander. Hace tiempo, él y yo tuvimos un romance... algo que ni siquiera debería llamarse así, fue muy pasajero y sin importancia. Pero ese tipo parece estar demasiado loco como para aceptar que aquello no significó nada para mí y que debió quedarse en el pasado.Jordan tensó los hombros, escuchando atentamente mie
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