Había estado obsesionado con Alessia desde que tengo memoria. La imaginé a mi lado incontables veces: siendo amorosa conmigo, convirtiéndose en mi amante, en mi esposa, en todo para mí. Pero todo eso no era más que un sueño. Para ella, yo solo era un asesino, un hombre sin escrúpulos que no merecía amor... mucho menos el suyo.Y, durante muchos años, la comprendí.Yo era el hombre que le habían impuesto desde niños. De hecho, cuando éramos pequeños, le repetí incontables veces que jamás la obligaría a hacer algo que no quisiera.Hasta que llegó Adriano.El hijo del que había sido amigo de mi padre apareció en nuestras vidas y, desde el momento en que Alessia lo conoció, quedó completamente eclipsada por él. Para ella dejó de existir el resto del mundo. Solo veía a ese bastardo.Fue entonces cuando mi obsesión creció hasta convertirse en algo enfermizo.Porque Alessia era mía.Lo era desde que estaba en el vientre de su madre, desde antes de abrir los ojos por primera vez. Nadie, absol
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