YunaLa convivencia en la mansión Lin se había vuelto asfixiante. La tensión entre Tianyu y yo pesaba tanto que se podía cortar con un cuchillo. La distancia entre nosotros era evidente, un abismo que se abrió tras la verdad y que nos alejó por completo. Ni siquiera dormía en nuestra habitación; prefirió mudarse a la de huéspedes. Apenas coincidíamos y, cuando lo hacíamos, el ambiente se volvía insostenible. No había miradas tiernas, ni sonrisas, ni palabras de amor. Solo el frío y el silencio, que se convirtieron en nuestra nueva rutina.Me sentía devastada, culpable, enferma. Mei me buscaba, insistente, pidiéndome salir y pasar tiempo juntas varias veces a la semana, pero yo rechazaba sus invitaciones una y otra vez. Lo único que realmente quería era salir de esa casa y desaparecer. Ya no soportaba estar cerca de Lin, ver su desprecio en cada gesto. La indiferencia de su rechazo dolía mucho más que sus palabras frías.Intenté comunicarme con mis padres varias veces, pero me rechazab
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