Capítulo 47.
Yuna
La convivencia en la mansión Lin se había vuelto asfixiante. La tensión entre Tianyu y yo pesaba tanto que se podía cortar con un cuchillo. La distancia entre nosotros era evidente, un abismo que se abrió tras la verdad y que nos alejó por completo. Ni siquiera dormía en nuestra habitación; prefirió mudarse a la de huéspedes. Apenas coincidíamos y, cuando lo hacíamos, el ambiente se volvía insostenible. No había miradas tiernas, ni sonrisas, ni palabras de amor. Solo el frío y el silencio,